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La construcción permanente
Comunicación organizacional. Por Ana Inés Pepe.
Este texto ofrece una mirada introductoria sobre la comunicación organizacional, las nuevas herramientas y los desafíos que enfrenta esta disciplina en la actualidad. Largamente desconocida, la actividad ha ganado un rol estratégico dentro de empresas y organizaciones que reconocen el valor de los intangibles.
“Entonces, ¿cuándo la gente no se entiende en la empresa te llaman a vos?” me preguntan tratando de entender a qué se dedica una persona con una carrera en comunicación organizacional. Sin embargo, este desconocimiento en nuestro mercado se ha ido revirtiendo y cada vez son más los avisos clasificados buscando comunicadores para organizaciones.
Quienes nos dedicamos a la Comunicación Organizacional, también llamada Comunicación Corporativa y a veces Relaciones Públicas o Relaciones Institucionales, trabajamos con el objetivo de que las organizaciones que nos contratan como asesores o como parte de su staff mejoren su comunicación, es decir que los mensajes que quieren transmitir lleguen adecuadamente a los públicos que les interesan. Estos públicos pueden ser los propios integrantes de la organización, los clientes, los potenciales clientes, los accionistas, los proveedores, los vecinos del barrio donde está instalada la empresa, etc.
Autores clásicos en la materia como Annie Bartoli y Gregory Kreps han fundamentado ampliamente que la organización y la comunicación se encuentran asociadas en forma indisoluble. Desde su perspectiva funcionalista, toda organización que persiga un resultado debe plantearse objetivos de comunicación y considerar a la comunicación como un factor estratégico clave. La comunicación para estos autores facilita, regula, direcciona, cambia actitudes, permite comprender, aprender, dar sentido.En la práctica un comunicador organizacional básicamente se dedica a diagnosticar, proponer e implementar acciones para que todos los pasos del proceso de comunicación entre una empresa y esos públicos que mencionábamos funcionen aceitadamente. Generalmente se incorpora o acude a una organización que ha detectado que tiene un problema (“no me puedo comunicar con…”) o un deseo de comunicación (“quisiera llegar a…”). La auditoría de imagen corporativa, la encuesta de satisfacción, el clipping y análisis de menciones en medios masivos, la evaluación del clima interno, la entrevista en profundidad, todos estos recursos le permitirán al comunicador evaluar “el estado del arte” de las per-cepciones sobre la empresa u organismo en relación a los diferentes públicos que le interesan.A partir de su ingreso en la vida de la organización, y una vez hecho el diagnóstico, el comunicador tiene como desafío dotar a cada acción de comunicación de forma, contenido y sentido. Para esto trabaja con diseñadores, fotógrafos, productores audiovisuales, que generan la comunicación visual de esa organización, que la identifican con logotipos, colores, con una estética, con ciertos rostros y personajes, que tienen por objetivo que clientes e integrantes la encuentren un lugar atractivo, deseable, que dé ganas de pertenecer. La palabra es otro recurso básico. La palabra escrita y hablada. A la hora de elegir canales las opciones son vastísimas y van desde los medios más tradicionales (carteleras, brochures, volantes, publicitys, radio, televisión) a los más nuevos (sitios webs, intranets, blogs, sms). Y más allá de la comunicación mediada, el cara a cara sigue siendo el medio privilegiado cuando se trata de motivar, de comprometer, de llegar a sentidos construidos en conjunto y compartidos, por eso reunir a los actores que intervienen en el proceso que queremos mejorar es clave, y esas instancias pueden ser talleres de integración, de trabajo en equipo, cursos de capacitación, reuniones periódicas o en fechas clave o los curiosamente llamados en nuestro medio: “eventos”.
No es fácil distinguir a un comunicador organizacional de otros comunicadores, ya que éste hace un poco de todo: es un poco periodista, un poco publicista, un poco productor, un poco diseñador. Digamos que en este caso se diferencia de otras vertientes de la comunicación por sus “no-sólo”, es decir, al comunicador organizacional le importa la organización no sólo como generadora de noticias, no sólo para vender o generar marca, no sólo en sus aspectos visuales, su mirada está puesta en la organización como un todo integrado.
Pero ese objeto de sus desvelos es compartido con otros profesionales de los que tampoco es fácil distinguirlo, ya que el comunicador organizacional también sabe un poco de psicología, un poco de sociología, un poco de administración, un poco de marketing, un poco de recursos humanos. Con estos otros “bichos organizacionales” se diferencia justamente porque su mirada está puesta en los procesos de comunicación de una forma más específica que a la vez abarca más que la de otros integrantes de la fauna organizacional. Por ejemplo, un psicólogo presta atención a la comunicación interpersonal entre un jefe y un subordinado, pero probablemente no podrá producir el guión para un video corporativo que capacite a mandos medios sobre el tema. Hechas estas distribuciones y atribuciones, cabe notar que en la práctica las fronteras se desdibujan y redibujan y, como en la mayoría de las profesiones, la multi e interdisciplinariedad son fundamentales, enriquecedoras y bienvenidas a la hora de brindar respuestas de calidad y rigurosidad a las organizaciones.Artículo escrito por Ana Inés Pepe (Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Católica del Uruguay).
“Entonces, ¿cuándo la gente no se entiende en la empresa te llaman a vos?” me preguntan tratando de entender a qué se dedica una persona con una carrera en comunicación organizacional. Sin embargo, este desconocimiento en nuestro mercado se ha ido revirtiendo y cada vez son más los avisos clasificados buscando comunicadores para organizaciones.
Quienes nos dedicamos a la Comunicación Organizacional, también llamada Comunicación Corporativa y a veces Relaciones Públicas o Relaciones Institucionales, trabajamos con el objetivo de que las organizaciones que nos contratan como asesores o como parte de su staff mejoren su comunicación, es decir que los mensajes que quieren transmitir lleguen adecuadamente a los públicos que les interesan. Estos públicos pueden ser los propios integrantes de la organización, los clientes, los potenciales clientes, los accionistas, los proveedores, los vecinos del barrio donde está instalada la empresa, etc.
Autores clásicos en la materia como Annie Bartoli y Gregory Kreps han fundamentado ampliamente que la organización y la comunicación se encuentran asociadas en forma indisoluble. Desde su perspectiva funcionalista, toda organización que persiga un resultado debe plantearse objetivos de comunicación y considerar a la comunicación como un factor estratégico clave. La comunicación para estos autores facilita, regula, direcciona, cambia actitudes, permite comprender, aprender, dar sentido.En la práctica un comunicador organizacional básicamente se dedica a diagnosticar, proponer e implementar acciones para que todos los pasos del proceso de comunicación entre una empresa y esos públicos que mencionábamos funcionen aceitadamente. Generalmente se incorpora o acude a una organización que ha detectado que tiene un problema (“no me puedo comunicar con…”) o un deseo de comunicación (“quisiera llegar a…”). La auditoría de imagen corporativa, la encuesta de satisfacción, el clipping y análisis de menciones en medios masivos, la evaluación del clima interno, la entrevista en profundidad, todos estos recursos le permitirán al comunicador evaluar “el estado del arte” de las per-cepciones sobre la empresa u organismo en relación a los diferentes públicos que le interesan.A partir de su ingreso en la vida de la organización, y una vez hecho el diagnóstico, el comunicador tiene como desafío dotar a cada acción de comunicación de forma, contenido y sentido. Para esto trabaja con diseñadores, fotógrafos, productores audiovisuales, que generan la comunicación visual de esa organización, que la identifican con logotipos, colores, con una estética, con ciertos rostros y personajes, que tienen por objetivo que clientes e integrantes la encuentren un lugar atractivo, deseable, que dé ganas de pertenecer. La palabra es otro recurso básico. La palabra escrita y hablada. A la hora de elegir canales las opciones son vastísimas y van desde los medios más tradicionales (carteleras, brochures, volantes, publicitys, radio, televisión) a los más nuevos (sitios webs, intranets, blogs, sms). Y más allá de la comunicación mediada, el cara a cara sigue siendo el medio privilegiado cuando se trata de motivar, de comprometer, de llegar a sentidos construidos en conjunto y compartidos, por eso reunir a los actores que intervienen en el proceso que queremos mejorar es clave, y esas instancias pueden ser talleres de integración, de trabajo en equipo, cursos de capacitación, reuniones periódicas o en fechas clave o los curiosamente llamados en nuestro medio: “eventos”.
No es fácil distinguir a un comunicador organizacional de otros comunicadores, ya que éste hace un poco de todo: es un poco periodista, un poco publicista, un poco productor, un poco diseñador. Digamos que en este caso se diferencia de otras vertientes de la comunicación por sus “no-sólo”, es decir, al comunicador organizacional le importa la organización no sólo como generadora de noticias, no sólo para vender o generar marca, no sólo en sus aspectos visuales, su mirada está puesta en la organización como un todo integrado.
Pero ese objeto de sus desvelos es compartido con otros profesionales de los que tampoco es fácil distinguirlo, ya que el comunicador organizacional también sabe un poco de psicología, un poco de sociología, un poco de administración, un poco de marketing, un poco de recursos humanos. Con estos otros “bichos organizacionales” se diferencia justamente porque su mirada está puesta en los procesos de comunicación de una forma más específica que a la vez abarca más que la de otros integrantes de la fauna organizacional. Por ejemplo, un psicólogo presta atención a la comunicación interpersonal entre un jefe y un subordinado, pero probablemente no podrá producir el guión para un video corporativo que capacite a mandos medios sobre el tema. Hechas estas distribuciones y atribuciones, cabe notar que en la práctica las fronteras se desdibujan y redibujan y, como en la mayoría de las profesiones, la multi e interdisciplinariedad son fundamentales, enriquecedoras y bienvenidas a la hora de brindar respuestas de calidad y rigurosidad a las organizaciones.Artículo escrito por Ana Inés Pepe (Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Católica del Uruguay).
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